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Tipos de crisis psicológicas: ¿qué son? ¿cómo se abordan?

El concepto de crisis es controversial en materia de salud mental, no sólo por la amplitud que reviste, sino además por las diversas acepciones que hay sobre él. En ese sentido, una primera conceptualización es que son situaciones o hechos a los que las personas se ven enfrentadas dentro de su vida, y que dentro de lo esperado, son “superadas” (Rocha, 2005). En ese sentido, los seres humanos tienen distintos factores individuales, sean a nivel consciente o inconsciente, para su afrontamiento.

Ahora bien, es interesante considerar que culturalmente el concepto de crisis tiene variaciones. Por ejemplo, en zonas de oriente el término crisis significa peligro, pero a su vez, oportunidad. Esto podría conectarse a nivel teórico con lo planteado por Caplan (1964), quien es uno de los autores canónicos en la materia, y que considera que hay un período transicional que implica una chance para el desarrollo del individuo, como al mismo tiempo la posibilidad de ser más vulnerable a una afección de salud mental. Esto, en definitiva, dependería de la manera en que se aborde el hecho.

 

En la siguiente entrada del blog se profundizará más respecto a la Teoría de la crisis. En primer lugar, se dará un breve contexto teórico de la materia. Luego, una contraposición a grandes rasgos sobre lo que es el trauma. De manera posterior, la conceptualización entre crisis normativa y no normativa. En cuarto orden, qué consecuencias devienen de las crisis no normativas. Y, para concluir, una síntesis que añade recomendaciones prácticas desde la Psicología clínica.

 

Aspectos generales de las Crisis en Psicología

Los períodos de crisis implican una vulnerabilidad. Esto conlleva una responsabilidad importante para quienes efectúan algún tipo de intervención en la materia, puesto que puede tener un efecto positivo o negativo para quien se ve afectado (Rubin & Bloch, 2000). En el marco de la teoría de la crisis, Lindemann sienta las bases sobre un principio clave en cuanto a la intervención. A saber, las personas disponen de recursos internos con los que pueden afrontar una situación de crisis en su vida: hay quienes no requerirán algún tipo de apoyo, mientras que para otros una intervención puede ser muy significativa. Aun así, se debe asumir que más allá de la potencialidad de recursos (internos y/o externos), los seres humanos tienen una resistencia a las situaciones estresantes finita y, en consecuencia, es posible que no puedan afrontarlas de todas maneras.

 

Las crisis pueden ocurrirle a cualquier persona. Este es un punto de partida sobre el que se debe trabajar. Por lo tanto, más que un sentido patologizante de las crisis, es pertinente pensarlas como un proceso del cual nadie está exento. Sin perjuicio de lo anterior, una crisis puede devenir en un padecimiento psicológico y, en consecuencia, un escenario patológico. Esto marca una diferencia con lo que se entiende como trauma.


La distinción entre trauma y crisis puede ser controversial, así como intuitiva a la vez. Ambas pueden conllevar a un padecimiento subjetivo, sin embargo, difieren en puntos clave. Primero, en cuanto a su naturaleza. Luego, referido a su duración.


En relación a la naturaleza, las crisis son eventos que implican una sensación de urgencia más bien inmediata y conllevan a un estrés significativo. Éstas pueden ser normativas o no normativas. En cambio, los traumas son eventos o experiencias perturbadoras y que pueden generar un perjuicio en la salud mental del individuo. Usualmente, son sucesos inesperados y que pueden, sea de forma única o continua, ser graves en consecuencia.


Conforme la duración del impacto, una crisis puede ser abrumadora, pero se considera como algo temporal. Por lo tanto, ya logrado su manejo, es posible que la persona pueda recuperarse y disminuir el impacto que significó para sí. Por el contrario, el trauma puede tener un impacto a largo plazo para la vida de un ser humano. En consecuencia, conllevaría algún grado de malestar significativo y hasta un perjuicio en la salud mental (como un Trastorno de Estrés Postraumático, un trauma complejo, un trauma vincular, un trauma relacional, entre otros). Ahora bien, existe también la posibilidad de ser un “tercero” en los hechos y sufrir un trauma, como sucede con quienes experimentan lo que se conoce como trauma vicario. No obstante, en esta oportunidad no se profundizará sobre ello.

 

En suma, la naturaleza y duración de ambos constructos difieren. Asimismo, el modo en que se aborda desde el quehacer clínico. Esto último se profundizará hacia el fin de esta entrada de blog.

 

A nivel general, las crisis comprenden fases: aguda, reacción, reparación, reorientación. Qué sucede en cada una de éstas puede ser un indicador de cómo abordarlas para su resolución.

En el siguiente esquema se sintetiza lo anterior:

 



Crisis normativas y no normativas

Se mencionó párrafos más atrás el concepto de crisis normativas y no normativas. Las primeras aluden a períodos de cambio o transiciones dentro del ciclo vital, que tienen la característica de ser comunes y esperados en el desarrollo. Esto ha llevado a que exista una idea en las edades y etapas de la vida en que ocurren y, por consiguiente, reacciones y cambios que pueden sobrevenir luego de su llegada. En ese sentido, no implican dificultades emocionales para las personas, pero sí implican modificaciones en la vida de los humanos. Esto puede tener influencia en la salud mental y bienestar subjetivo de cada persona. El cómo nos adaptamos y la manera en que desarrollamos estrategias de afrontamiento es algo que desde la Psicología se puede abordar y, en algunas ocasiones, la psicoterapia puede ser una instancia para trabajar este tipo de temáticas. Algunas crisis normativas son el paso de una etapa educacional a otra, la llegada de la pubertad y/o adolescencia, la jubilación, los cambios fisiológicos de las personas (por ejemplo, la menarquia y/o menopausia), la parentalidad, entre otros.


Las crisis no normativas, en cambio, son situaciones inusuales y/o inesperadas. Éstas pueden tener un impacto significativo en la salud mental y devenir en malestar subjetivo. Si bien las crisis normativas implican cambios comunes y predecibles, las no normativas son sucesos no típicos y que su grado de afectación es variable entre los individuos. Por esa razón, una intervención adecuada y pertinente puede ayudar a movilizar recursos o formas de apoyo que permitan enfrentarlas. Así, desde la salud mental se puede ser un facilitador en este escenario y propiciar la movilización de afrontamientos adaptativos y/o saludables. Sin perjuicio de lo anterior, las crisis no normativas dependen mucho de factores ambientales. y se combinan con factores emocionales y conductuales. Algunas situaciones pueden ser accidentes, muertes, cambios/pérdidas de fuentes laborales, quiebres relacionales, duelos, desastres naturales, situaciones de crisis humanitaria, violencia, delincuencia, abuso, entre otros.

 

En definitiva, nadie está libre de experimentar un suceso crítico, sea normativo o no normativo. Aun así, las consecuencias de estas últimas pueden ser significativas para la salud mental de una persona.

 

Consecuencias y abordajes

A partir de lo señalado, ¿Cuáles son las consecuencias? Lo primero en esto es indicar que éstas pueden variar ampliamente. Esto depende de algunos factores: cómo se han resuelto crisis anteriores, cuáles son las redes de apoyo, qué pautas y valores culturales tiene la persona, qué comprensión cognitiva y emocional se da en la situación, y cuál es la salud física y mental de la persona afectada.

Las reacciones que se pueden esperar se observan en diversos dominios de la persona: afectivo, comportamental y cognitivo (Martínez, 2020). En los siguientes recuadros encontrarás un resumen de qué implica cada aspecto.






A modo de síntesis, las crisis son un constructo en el ámbito de la psicología que reviste interés y que, en consecuencia, puede tener un grado de afectación para la salud mental de quienes afectado y/o terceros. Puede ocurrirle a cualquier persona, sin embargo, una correcta intervención puede ayudar a que su repercusión sea distinta.


Independiente de quién sea el afectado, algo importante como psicólog@s es que no perdamos de vista que la persona afectada es un ser humano como usted, pero que se está enfrentando a una situación vital que puede ser anómala o superar sus posibilidades de afrontamiento. Los prejuicios, premisas y/o preconcepciones que usted tiene deben quedar más allá si quiere brindar una ayuda, puesto que tendrá el objetivo de despejar un poco el camino y sacar entre los escombros de un desastre aquello que pueda ayudarle a la persona. Uno puede ser un tutor de resiliencia para quien experimenta un mal momento y, de esa forma, ayudar a recuperar su equilibrio y continuar adelante (Rubin & Bloch).


Como se precisó al inicio de esta entrada, hay una distinción entre trauma y crisis. Desde la psicología clínica su abordaje puede diferir. Por un lado, el trauma demanda un tratamiento especializado, que ayude a la persona al proceso de elaboración y superación de las experiencias traumáticas. Por otra parte, quien experimenta una crisis puede tener una tasa de recuperación adecuada, ya sea gracias a la movilización de recursos, o por el apoyo por parte de intervenciones focalizadas en el evento en sí. Acá, por ejemplo, está el beneficio de los Primeros Auxilios Psicológicos.

 

¿Hay algún aspecto o concepto de los mencionados acá que te gustaría profundizar y/o que no se comprendió del todo? Déjamelo en los comentarios o mándame un mail a spinfant@uc.cl

Espero que te haya sido de ayuda esta entrada.

¡Saludos!



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